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EL CIELO

13

Hay una correspondencia del Cielo con todas las cosas de la Tierra

103. Lo que es correspondencia se ha dicho en el artículo precedente; asimismo se ha manifestado allí que todas las cosas del cuerpo animal, en general y en cada detalle, son correspondencias. Procede ahora manifestar que todas las cosas de la tierra y, en general, todas las cosas del mundo, son correspondencias.

104. Todo cuanto pertenece a la tierra se distingue en tres géneros, llamados reinos: el reino animal, el reino vegetal y el reino mineral. Las cosas que se hallan en el reino animal son correspondencias en el primer grado porque viven; las que se hallan en el reino vegetal son correspondencias en el segundo grado, puesto que solamente crecen; las que hay en el reino mineral son correspondencias en el tercer grado, puesto que ni viven ni crecen. Las correspondencias en el reino animal son seres vivientes de varias clases, tanto los que andan y se arrastran por la tierra cuanto los que vuelan por el aire, los cuales no nombraremos por sus especies, por ser conocidos. Las correspondencias en el reino vegetal son todos los vegetales que crecen y florecen en jardines, selvas, huertas y campos, los cuales tampoco nombraremos, siendo también conocidos. Las correspondencias en el reino mineral son metales ricos y pobres, piedras preciosas y comunes, varias clases de tierra y también agua. Además de estas cosas son también correspondencias las que por medio de la industria humana son manufacturadas de ellas para uso y provecho; como toda clase de alimentos, vestidos, casas, templos (aedes) y otros.

105. Las cosas que están encima de la tierra, tales como el sol, la luna, las estrellas y también las que hay en la atmósfera, como nubes, nieblas, lluvias, relámpagos, truenos, son asimismo correspondencias; las que provienen del sol, de su presencia y ausencia, como luz, oscuridad, calor y frío, son también correspondencias; igualmente las que por ellos siguen, como las estaciones del año, llamadas primavera, verano, otoño é invierno; y las divisiones del día:  la mañana, el mediodía, la tarde y la noche.

106. En una palabra, todo cuanto existe en la naturaleza, desde lo más pequeño hasta lo más grande en ella, son correspondencias. La razón por la cual son correspondencias es que el mundo natural con todo lo suyo existe y subsiste por el mundo espiritual, y ambos por lo Divino. Digo que también subsiste, porque todo subsiste por aquello de lo cual nace (existe), puesto que la subsistencia es un perpetuo nacimiento (existencia), y porque nada puede nacer de y por sí mismo, sino de un anterior, así pues de un primero, y por lo tanto si es separado de este, al momento perece y desvanece.

107. Todo cuanto en la naturaleza existe y subsiste en virtud del Divino orden es una correspondencia. El Divino orden existe por el. Divino bien que sale del Señor; empieza en Él, procede de Él, pasando por los cielos sucesivamente al mundo y termina allí en las últimas cosas. Las cosas que allí se hallan en arreglo al Divino orden son correspondencias. En arreglo al orden se hallan allí todos los objetos que son buenos y perfectos al uso, porque todo bien es bien con arreglo al uso y al provecho; la forma se refiere a la verdad, puesto que la verdad es la forma del bien. Es por esto que todas las cosas que en el universo y en la naturaleza del mundo se hallan en arreglo al Divino orden se refieren al bien y a la verdad.

108. Que todas cosas que hay en el mundo nacen de lo Divino y se revisten de tales formas en la naturaleza mediante cuales pueden estar allí, prestar uso y así corresponder, consta claramente por las cosas singulares que se presentan tanto en el reino animal cuanto en el reino vegetal. En ambos hay cosas tales que toda persona, si piensa desde su interior, puede ver que son del cielo. Para ilustrar, se puede, entre innumerables otras, citar unas pocas; he aquí primero, algunas en, el reino animal. Que un especie de .saber se halla allí, por así decir implantado en cada animal, es conocido por varias personas. Las abejas saben recoger el miel de las flores, construir celdas de cera en las cuales guardan su miel, y de esta manera proporcionarse alimento a sí mismas y a los suyos, también para el venidero invierno. La hembra deposita huevos, las demás prestan sus servicios, cubriéndolos por todos lados, para que nazca de ellos una nueva prole.   Viven bajo cierta forma de gobierno, la cual todas ellas conocen por (un saber) implantado; guardan las útiles, expulsan las inútiles y las despojan de sus alas; aparte de otras cosas maravillosas, que del cielo tienen a causa del provecho, porque la cera sirve al género humano para luz en todas partes del mundo, y la miel para agregar dulzor a los alimentos. ¿Qué no sucede con las orugas, que en el reino animal son los más inferiores? Saben nutrirse del jugo de sus hojas especiales y, transcurrido el plazo exacto, circundarse de un filamento, y por así decir meterse en útero, así empollando la prole de su género. Algunas se convierten en ninfas y crisálidas, produciendo hilos, siendo después de cumplido trabajo dotadas de otro cuerpo y adornadas con alas, vuelan por el aire como en su cielo, celebran nupcias, depositan huevos y se proporcionan su prole. Además de estos especialmente, todo volátil bajo el cielo, en general, conoce su alimento del cual se ha de nutrir, no tan solo cual es, sino también donde se encuentra; saben construir sus nidos, una especie diferentemente de otra especie, depositar en ellos huevos, empollar las crías, alimentarlas y echarlas del nido cuando pueden cuidarse ellas mismas. Nada diré de las maravillosas cosas en los mismos huevos, donde se hallan dispuestas por su orden cuantas cosas hacen falta para la formación y la nutrición de la naciente cría, aparte de innumerables otras cosas. ¿Quién, pensando algún tanto por sabiduría racional, diría jamás que estas cosas son de otra parte que del mundo espiritual, el cual al mundo natural sirve para revestir de cuerpo, aquello que es de allí, o sea para presentar en efecto lo que en la causa es espiritual? La causa de que los animales de la tierra y las aves del cielo nacen con este saber, y no así el hombre, el cual sin embargo es superior a ellos, es que los animales se hallan en el orden de su vida y no han podido destruir lo que del mundo espiritual se halla en ellos, puesto que no tienen sentido racional; no así el hombre, el cual piensa por medio del mundo espiritual; este, puesto que ha pervertido en sí aquello (que viene del mundo espiritual) por una vida contraria al orden, cuya vida su razón aprueba, no puede menos de nacer en completa ignorancia y luego por medios Divinos ser reconducido al orden del cielo.

109. De que modo corresponden las cosas que hay en el reino vegetal puede ser claro por muchas cosas, como estas, que las pequeñas simientes crecen hasta llegar a ser árboles, echan hojas, producen flores, y luego fruta, en la que otra vez depositan semillas, y que esto se verifica sucesivamente en tan admirable orden que no se puede describir con pocas palabras; resultarían volúmenes y aún así los secretos interiores más próximos a sus usos no podrían agotarse por medio del saber. Puesto que estos son del mundo espiritual, es decir del cielo, el cual se halla en forma de hombre, según se ha manifestado arriba en su artículo, las diversas cosas en este reino tienen por lo tanto también cierta relación con cosas parecidas, que se hallan en el hombre, lo cual es asimismo conocido por ciertos hombres de la clase erudita. Que son correspondencias también todas las cosas que hay en este reino me ha sido manifestado por mucha experiencia; estando en jardines y contemplando allí árboles, flores, frutas y hortalizas, he observado con frecuencia las correspondencias en el cielo y he hablado con aquellos en quienes se encontraban, siendo informado de donde eran y cual era su naturaleza.

110. Pero saber las cosas espirituales en el cielo a las cuales corresponden las naturales que hay en el mundo, no lo puede actualmente nadie, sino por el cielo, porque la ciencia de las correspondencias se halla en la actualidad completamente perdida. Cual y como es la correspondencia de las cosas espirituales con las naturales ilustraré sin embargo mediante algunos ejemplos. Los seres animados de la tierra, en su generalidad, corresponden a las inclinaciones; los mansos y útiles a las buenas inclinaciones, los fieros y nocivos a las malas inclinaciones; especialmente corresponden los carneros y los bueyes a las inclinaciones de la mente natural; las ovejas y los corderos a las inclinaciones de la mente espiritual; los volátiles, por otra parte, corresponden según su especie a lo intelectual de ambas mentes. Por esto es que en la iglesia israelita, la cual era una iglesia representativa, varios animales como (por ejemplo) los bueyes, los novillos, los carneros, las ovejas, las cabras, los machos cabríos y los corderos, así como también las palomas y las tórtolas, fueron ordenados para uso sagrado, haciéndose con ellos sacrificios y holocaustos, porque en este uso correspondían a las cosas espirituales, cuyas cosas se entendían en el cielo según las correspondencias. Que también los animales, según sus géneros y sus especies, son inclinaciones es porque viven y la vida de cada uno no viene sino de la inclinación y conforme esta; por esto tiene todo animal un saber innato con arreglo a la inclinación de su vida; el hombre es como ellos en cuanto a su hombre natural; por lo cual, también, hablando familiarmente, se compara con ellos; como por ejemplo, siendo manso, es llamado una oveja o un cordero; siendo fiero, un oso o un lobo; siendo astuto, una zorra o una serpiente, y así sucesivamente.

111. Una correspondencia parecida tiene lugar con las cosas que hay en el reino vegetal. Un jardín corresponde, en general, al cielo con respecto a la inteligencia y sabiduría, por lo cual el cielo se llama el jardín de Dios y un Paraíso, y por el hombre es llamado el Paraíso Celestial. Los árboles según sus especies corresponden a percepciones y conocimientos del bien y de la verdad, de los cuales vienen la inteligencia y la sabiduría. Por esto mismo, los antiguos, que poseían la ciencia de las correspondencias, celebraban sus cultos santos en boscajes; y por esto es que en el Verbo a menudo se hace mención de árboles, y con ellos se comparan el cielo, la iglesia y el hombre, como (por ejemplo) la vid, el olivo, el cedro y otros, y los bienes que proporcionan con la fruta. Los alimentos que vienen de ellos, en primer lugar el que viene de la simiente de los trigos del campo, corresponden también a las inclinaciones del bien y de la verdad, por la causa de que estas nutren la vida .espiritual como los alimentos terrestres la vida natural.1 Por la misma razón el pan corresponde en general a las inclinaciones de todo bien, puesto que este, con preferencia a los demás, sustenta la vida y que por el mismo se entiende toda clase de alimento. A causa de esta correspondencia se llama también el Señor el Pan de la Vida, y a causa de la misma estaban también los panes en sagrado uso en la iglesia israelita, porque se colocaban sobre la mesa en el Tabernáculo y llamaban los "los panes de los rostros";  también se llamaba "pan" a todo culto Divino, que se celebraba mediante sacrificios y holocaustos. A causa de esta correspondencia la Santa Cena, en la cual hay pan y vino, es asimismo lo más sagrado del culto en la iglesia cristiana. Por estos pocos ejemplos puede ser claro cual es el carácter de la correspondencia.

112. La manera en que se verifica la conjunción del cielo con el mundo por medio de la correspondencia se dirá también brevemente. El reino del Señor es un reino de fines que son usos, ó, lo que es lo mismo, un reino de usos que son fines. Por esto mismo el universo ha sido creado y formado por lo Divino de tal manera que los usos puedan en todas partes revestirse de cosas, mediante las cuales puedan presentarse en actos o sea en efectos, primero en el cielo, luego en el mundo, por grados y sucesivamente, hasta las últimas cosas de la naturaleza. Es por lo tanto evidente que la correspondencia de las cosas espirituales con las naturales, o sea la del mundo con el cielo, se verifica por medio de los usos y que los usos determinan la conjunción; así como que las formas, de las cuales se hallan revestidos los usos, tanto son correspondencias y tanto conjunción, cuanto son formas del uso. En la naturaleza del mundo, en su triple reino, todas las cosas que existen con arreglo al orden son formas de usos o sea efectos formados de usos al objeto de usos, por lo cual las cosas que allí hay son correspondencias. Cuanto más vive el hombre según el orden Divino, es decir, en amor al Señor y en amor al prójimo, tanto más sus actos son usos en forma y son correspondencias, por medio de las cuales entra en conjunción con el cielo. Amar al Señor y al prójimo es, en general, prestar usos. Conviene saber además que es mediante el hombre que el mundo natural tiene conjunción con el mundo espiritual; es decir, que él es el medio de conjunción, porque en él está el mundo natural y también el mundo espiritual (véase arriba, n. 57), por lo cual, tanto como el hombre es espiritual tanto es medio de conjunción; por otra parte, tanto como es natural, y no espiritual, tanto no es medio de conjunción. No obstante continua, sin el hombre como medio, el influjo de lo Divino en el mundo y también en aquellas cosas que del mundo están en el hombre, pero no en su sentido racional.

113. Así como corresponden al cielo todas las cosas que se hallan según el Divino orden, así corresponden al infierno todas aquellas que están en contra del Divino orden; las que corresponden al cielo se refieren todas al bien y a la verdad; las que corresponden al infierno, al mal y a la falsedad.

114. Ahora se dirá algo acerca de la ciencia de las correspondencias y de su utilidad. Arriba se ha dicho que el mundo espiritual, que es el cielo, está unido al mundo natural por correspondencias; por esto se da al hombre, mediante correspondencias, comunicación con el cielo; porque los ángeles del cielo no piensan por cosas naturales como el hombre; por lo cual, estando el hombre en la ciencia de las correspondencias, puede estar en compañía de los ángeles en cuanto a los pensamientos de su mente, y así unirse a ellos en cuanto a su hombre espiritual o interior. A fin de que haya conjunción entre el cielo y el hombre, el Verbo se halla escrito mediante correspondencias exclusivamente, porque todo y cada mínimo detalle que hay en él corresponde; por lo cual, si el hombre poseyera la ciencia de las correspondencias, entendería el Verbo con respecto a su sentido espiritual, y por ello le sería dado conocer secretos de los cuales nada ve en el sentido literal; porque en el Verbo hay un sentido literal y un sentido espiritual; el sentido literal consiste de tales cosas cuales hay en el mundo; el sentido espiritual, por el contrario, de tales cuales hay en el cielo, y viendo que la conjunción del cielo con el mundo tiene lugar por medio de correspondencias, por esto mismo es dado un Verbo en el cual todo y cada detalle, hasta la menor jota, corresponde.

115. Del cielo he sido informado que los antiguos, primitivos, en nuestra tierra, los cuales eran hombres celestiales, pensaban por virtud de la correspondencia misma; y que las cosas naturales que estaban delante de los ojos les servían de medios para pensar de esta manera, y que siendo tales, tenían trato con los ángeles y hablaban con ellos; que de este modo tenía el cielo por conducto de ellos conjunción con el mundo. La edad aquella fue por esto llamada la edad de oro; acerca de la cual se dice en las obras de los antiguos escritores que los habitantes celestes vivían con los hombres, teniendo trato con ellos como amigo con amigo; pero después de esa era siguieron hombres que no pensaban por virtud de las correspondencias mismas, sino por la ciencia de las correspondencias; y entonces también había conjunción entre el cielo y el hombre; pero no una conjunción tan íntima; la edad de estos nombres es la que se llama la edad de plata. Después siguieron hombres que ni conocían las correspondencias, ni pensaban por la ciencia de las mismas, a causa de hallarse en un bien natural, y no como los predecesores, en un (bien) espiritual; la edad esta fue llamada la edad de cobre; después del tiempo de estos hombres el hombre se volvió sucesivamente exterior y finalmente corporal, y entonces la ciencia de las correspondencias se extinguió completamente, y con ella el conocimiento del cielo y de varias cosas pertenecientes al cielo. El llamarse aquellas edades la edad de oro, de plata y de cobre, fue también a causa de la correspondencia, viendo que oro, por correspondencia, significa el bien celestial, en el cual se hallaban los primitivos hombres; plata, por correspondencia, el bien espiritual, en el cual se hallaban los antiguos después de aquellos; y cobre, el bien natural, en el cual se hallaba la inmediata posteridad; por otra parte, el hierro, del que tuvo su nombre la edad última, significa una verdad dura, sin bien.

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